Salen unos niños sabihondos, de esos que dan el coñazo a base de bien, e intentan camelarnos para que contratemos un paquete de esos de tres en uno: tele, internet y teléfono. Hablan con palabras de adultos, que debe de ser algo que hace mucha gracia, pero yo no se la veo por ninguna parte. Alienan a los niños, a esos niños que corretean por tu casa, para convertirlos en consumidores imbéciles y que para que cuando caen en esa lacra se crean el no va más de la inteligencia, vamos, la rehostia, le hablo a mi padre como un notario y le hago ver la mierda de vida que tiene sin Trío, el puto perdedor. Ya está, ya se los han comido, a partir de ahora ya están preparados para el móvil, la PDA y todas esas cosas que son tan necesarias a sus edades. ¡Clinc!, ¡Qué bien suena la caja registradora!
Pero papi no es de oro y mami, toda esa igualdad de las teleseries, no la ve por ninguna parte: cobra menos que papi, no es objetivo. Y de ahí sólo nace la frustración, niños, bienvenidos al fracaso, saludad a vuestro amiguito coreano, aquel de las pistolas.
Y vuelven a sonar los tiros en el tecnológico Oeste. Vivan las balas, arriba las armas. ¡Vuelve la fiesta!
Te veo pesimista, amigo mío...aunque quizás sea lo único que nos queda por ser.
ResponderEliminarSí, pero te quejarás, hablo de armas y de notarios!!!
ResponderEliminar;P
Desde luego, parece escrito exprofeso para mí :P
ResponderEliminarUna genialidad de post, con la que sólo puedo estar de acuerdo.
ResponderEliminarQué triste, una sociedad al servicio de la televisión, cada vez idiotizan a los niños antes.
Ya lo decía el César: "Al pueblo, pan, televisión, internet y móviles".